| Relato
de:
|
|
Color de fondo del texto: verde
| azul
| gris
| rosa
| blanco
|
|
La primera vez
por Agustina
El comienzo de mi hermano Pedro y yo, una helada noche de invierno.
Me llamo Laura y esto ocurrió hace muchos años.
Papá había muerto en un accidente de trabajo, y mamá estaba
enferma de cáncer. Sólo tenía a mi hermano y era un par de años
más joven que yo, que entonces contaba con 16 años. Cuando murió
mamá, un año más tarde, y para que no nos separaran a los dos
hermanos, nos fuimos a vivir con una tía-abuela, por lo menos hasta
que yo cumpliese la mayoría de edad. Yo estaba estudiando y por las
noches trabajaba en un periódico, limpiando, archivando cosas,
etc., con lo cual me pagaba mis estudios. Con el dinero que nos habían
dejado mis padres, daba para que mi hermano estudiara y para algo de
ropa. Nuestra tía, también era generosa con nosotros, por lo que
no pasamos grandes apuros.
Cuando estaba a punto de cumplir los 18 años, la tía enfermó y
murió muy rápidamente. Tuve miedo de que separaran a mi hermano
Pedro de mi lado, pero como sólo me faltaba un mes para cumplirlos,
no pasó nada. Vivíamos en una ciudad muy pequeña y nuestra casa
estaba en las afueras. Era una casa aislada. Después de algún
tiempo, una tarde entré en el baño pensando que no había nadie y
me encontré a Pedro, desnudo, saliendo de la ducha. Los dos nos
ruborizamos y de refilón, noté que a él se le había levantado el
pene. Luego a la noche, después de cenar nos sentamos a ver la tele
y Pedro me preguntó a ver si me había besado algún chico. Yo le
contesté que no y le pregunté a ver si él había besado a alguna
chica. Lo negó ruborizado, diciéndome que era muy tímido, igual
que yo. Entonces me contestó que si quería, podíamos aprender
juntos, viendo como lo hacían en las películas.
A los pocos días, vino con unas películas. Las había comprado en
un videoclub que cerraba el negocio. Trajo media docena de pelis, la
mitad pornos. Quedamos en que esa misma noche, empezaríamos a
aprender.
Me contó que en clase, un doctor les había dado una clase de sexo.
Me contó cómo había que besar, cómo se excitaban los hombres y
las mujeres y se terminaba con el coito. Yo estaba nerviosa y después
de cenar, le tapé los ojos con un pañuelo y eligió una. Resultó
una de las pornográficas. Era un día de invierno, que aunque no
llovía ni nevaba, fuera estaba helando.
Pusimos el sillón lo más cerca del fuego posible, nos pusimos los
pijamas y nos sentamos en el sillón los dos muy juntos y con una
manta encima, para no enfriarnos. Empezó la peli y pronto noté que
mi hermano se estaba excitando por el bulto que le salía por debajo
de la manta. Yo notaba una humedad en el bajo vientre que me
avergonzaba. Vimos toda la película entera, y para el final, Pedro
tenía su pene totalmente erecto mientras yo estaba empapada. Nos
quitamos los pijamas y empezamos a tocarnos, por todo el cuerpo.
Pedro era muy alto para su edad y más bien delgado. Yo, aunque era
también alta, tenía la constitución algo más robusta que él.
Juntamos nuestros labios y metió su lengua en mi boca. Tenía una
lengua muy suave y empezaron una pequeña lucha. Yo, mientras, le
acariciaba la espalda, el cuello, el pecho, con las manos mientras
él me acariciaba las tetas con las suyas. Notaba que se iban
hinchando.
Luego, le hice tumbarse en el sillón y empecé a besarle el cuello,
las tetillas, fui bajando por el vientre y me metí su pene erecto
en la boca, tal y como habíamos visto, con la condición de que
luego él me hiciera lo mismo. Al principio no sabía qué hacer,
pero empecé a pasar suavemente la lengua por todo el pene. Pedro
estaba totalmente estremecido de placer. Finalmente se corrió en mi
boca, ya que no tuvo tiempo de salir. Se me hizo muy raro el sabor
de su leche, pero me lo tragué y me gustó. Luego, me tumbó sobre
el sofá y empezó a lamerme las tetas.
Entre beso y beso, me decía que le encantaba todo esto, luego siguió
bajando su boca por mi vientre hasta llegar a mi sexo. Yo estaba
totalmente empapada y me daba vergüenza pero él me decía que era
porque me excitaba con lo que él me hacía. Sentía su lengua por
mi clítoris y luego penetrando un poco en mi vagina. Exploté.
Igual que yo, se tragó mis jugos diciéndome que le encantaba. Como
él ya estaba otra vez empalmado, se puso encima de mí y me penetró.
Yo grité de dolor y él se paró. Luego, tal y como le habían
dicho, empezó a moverse suavemente. Yo notaba otras sensaciones muy
placenteras, me estremecía y gemía de placer. Cuando ya no pudimos
más, él eyaculó dentro de mí, mientras yo gemía y gritaba su
nombre y me corría del inmenso placer que me daba.
Esa noche nos acostamos juntos en la misma cama, y a la mañana
siguiente volvimos a hacer el amor. Así, viendo películas,
aprendiendo de libros, etc, fuimos aprendiendo a nuestro modo.
Pasaron varios años y Pedro empezó a trabajar en la fábrica del
pueblo. Conoció a una chica y empezó a salir con ella. Yo a mi
vez, había conocido a un hombre que trabajaba en el periódico en
el que había trabajado en mis años de estudiante, y al cabo de
varios meses tuvimos una boda doble. Los dos hermanos nos casamos a
la vez en la misma iglesia. Tanto mi marido como mi cuñada, eran
hijos únicos. Los padres de mi cuñada vivían en otra ciudad, pero
mi marido se había criado en un orfanato. Como nuestra casa es
enorme, nos pusimos a vivir las dos parejas allí. Una vez, le conté
a Marcos, mi marido cómo había aprendido lo que sabía sobre sexo,
y a su vez, Pedro le contó a Ana, su mujer, cómo había sido
nuestra primera vez. Posteriormente, una noche en que estábamos
cenando los cuatro juntos, Ana sacó a colación el tema. Marcos,
por su parte, dijo que no le importaría cambiar de pareja alguna
vez. Los cuatro estuvimos de acuerdo y después de cenar, Marcos
cogió a Ana por la cintura, mientras que Pedro me abrazaba. Hicimos
el amor, y fue fantástico. Luego, cada uno a su habitación con su
pareja respectiva, y vuelta a hacer el amor.
Ana y yo nos quedamos embarazadas a la vez. Yo estoy casi segura de
que fue esa noche, aunque ninguna de las dos sabe en realidad, quién
es el padre de nuestros primeros hijos auque no nos importa en
absoluto. Pedro y Ana tuvieron gemelos, una parejita. Marcos y yo un
niño. En el segundo embarazo, también con muy poco tiempo de
diferencia, nosotros tuvimos trillizos y los otros una niña.
Los chicos se han hecho mayores y sé que están liados los unos con
los otros. Siempre se han llevado de maravilla. Nosotros, los
mayores, seguimos cambiando de pareja a menudo. Desde esa primera
vez, Pedro y yo hemos aprendido mucho.
Espero que os haya gustado la historia.
Fotos
de chicas con webcam
Fotos de nuestras chicas con la webcam. totalmente gratuito!
Recomendar a un
amigo!
Foro de sexo
Postales
eróticas
|
|

|
¿Tienes un relato? ¿te animas a escribir uno?
Si te crees un creador nato, eres imaginativo y demás, pásate
por aquí y entérate cómo enviar tus relatos a nuestra página.
|
|
|
webmaster:
|
|
|