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Con el permiso de mi marido
por Lucrecia
Por complacer a mi marido me volví una adicta al sexo de a tres. Esta es la historia de la primera vez que lo hicimos.

Hola, soy Lucrecia, tengo 29 años muy bien llevados. Mi cuerpo está bastante bien conservado gracias a horas y horas de gimnasio, es decir, todavía despierto gran atracción en los hombres.

Estoy casada con un hombre que me quiere y me entiende, y lejos de haber caído en la rutina sexual del matrimonio, hemos logrado que el sexo nos interese cada vez más. Como sabemos que el amor que sentimos mutuamente es más fuerte que todo, últimamente hemos charlado acerca de disfrutar el sexo con otras personas, por supuesto sin involucrarnos afectivamente. Esa idea me estaba rondando la cabeza y cada vez que lo pensaba me daba cuenta de que terminaba totalmente excitada.

Estuve varios días caliente intentando imaginar que cosas le pasaban por la cabeza, pues sabía que algo planeaba, hasta que un día me dijo que iríamos a una discoteca que se había abierto hace poco. Me pidió que me pusiera lo más sexy que tuviera porque quería calentarse viéndome seducir a otros hombres. La idea me pareció divertida así que me puse un vestido rojo muy corto y con un gran escote en la espalada, maquillándome más que de costumbre, les aseguro que parecía una puta.

Cuando entramos al lugar mi marido me pidió que vaya hacia las mesas del fondo y lo esperara allí. Imaginé entonces que su intención era separarse de mí para que algún amante ocasional se me acercara. Al minuto de sentarme sola en una mesa retirada me percaté de la presencia de un chico que desde lejos me observaba. Bastó una mirada y una sonrisa para que se me acercara y se sentara a mi lado. A estas alturas yo ya estaba jugada, y por qué negarlo, excitada al saber que mi marido estaría espiando.

Al rato ya estaba entregada a sus apasionados besos, pero viendo que éramos blanco de muchas miradas y que el chico metía mano, fui al servicio haciéndole un gesto a mi marido para que me siguiese. Ya en la puerta del servicio le dije que debíamos marcharnos pues no podía controlar la situación y mi esposo me comentó que sería buena idea proponerle a nuestro amigo una noche de sexo. Acepté su propuesta pero reconozco que mientras esperaba en el coche a que saliese mi marido, empezaba a arrepentirme.

Tras diez eternos minutos salieron los dos, charlando como buenos amigos, y al llegar al coche mi marido me dijo que nuestro amigo ocasional estaba de acuerdo y que iríamos a un hotel cercano.

En minutos más habíamos llegado al hotel . Yo estaba muy nerviosa pero muy caliente. Sin darme tiempo a nada, mi marido se pego a mi por detrás, haciéndome sentir su abultado miembro en mi trasero, y mientras empezaba a acariciarme los pechos me dijo: "esta noche vas a disfrutar" Nuestro amigo sin pensarlo se acercó y empezó a frotarse por delante . Me pareció notar un bulto excesivamente grande entre sus piernas, pero dejé de pensar pues solo quería sentir y disfrutar de todas las caricias que me hacían.

Entre los dos me acariciaron y desnudaron, dejándome solamente una tanguita negra que llevaba. Me tumbaron boca arriba sobre la cama situándose uno a cada lado y tocándome y besándome por todas partes. Estando ya totalmente desinhibida y deseosa, palpé por encima del pantalón el miembro del chico y pude notar que no era de dimensiones normales.

Después de unos momentos se desnudaron y pude observar que el miembro que me había parecido tan grande no era grande era ENORME!!! . Mi marido se encargó de decirme obscenidades al oído ( cosa que sabe que me excita), y cuando quise reaccionar mi amante estaba situado entre mis piernas, y con dulzura y firmeza me penetró.

Noté como un flujo ardiente me chorreaba por las ingles y tras pensar en mi seguridad ( su tamaño no era normal) le dije- quiero sentir como me la metes, suavemente, hasta llegar al fondo. Nada mas escucharme el chico empezó a entrar en mi, no tan suave como hubiese querido (lo comprendo por la excitación que debía tener), pero a pesar del grosor no fue tan doloroso como pensaba que sería y tras varias idas y venidas y algunos comentarios de mi marido tuve mi primer orgasmo, estaba en el paraíso...

Mi amigo por la despreocupación al usar preservativo eyaculó dentro, y al retirarse después de varios espasmos le dejó el sitio a mi esposo que sin ningún miramiento y loco de sexo me penetró diciéndome lo bien que estaba siendo follada.

Podía sentir como me penetraba uno mientras el otro mordisqueaba mis pezones, como me levantaban las piernas y me sometían a penetraciones en las mas variadas posturas, hasta que tras ponerme boca abajo noté que el chico ponía la punta de su monstruo en la entrada del culo, y muy asustada le dije que no, que eso me iba a doler (lo practicaba habitualmente con mi esposo y me dolía y gustaba, pero era un tamaño mas normal), pero sin hacerme ningún caso empezó a empujar, por lo que solté un fuerte grito de dolor.......parecía que me estaba partiendo en dos.

Cuando introdujo la cabeza del glande paró, dejando respirar, y dándome tiempo para intentar relajarme, pero a pesar de mis esfuerzos por colaborar, era forzada la entrada de ese instrumento de placer y sin aguantar mucho empezó un leve movimiento de entrada y salida que me dolía como nunca, hasta que sentí que en cada embestida sus testículos me golpeaban, lo que me indico que estaba totalmente dentro de mí. Poco a poco el dolor se fue transformando en placer, y sin ningún miramiento al escuchar mis gemidos de placer me perforó como un poseso, haciendo que tuviese un orgasmo tras otro y gritase como una loca. Cuando me vio rendida del todo, agarrándome por las caderas giró, dejándome boca arriba, y vi como con una expresión de locura y deseo venía mi marido totalmente erecto, dispuesto a ocupar mi agujero natural, y a pesar de decirle que no, empezó a introducirse, haciéndome gritar otra vez de dolor (nunca pensé que una doble penetración fuese tan dolorosa), y de nuevo cambió el dolor por el placer, sintiendo como me llenaban totalmente y me disfrutaban a su entero capricho.

No se cuantas veces alcancé un orgasmo, ya que uno se juntaba con otro, pero seguro que fueron mas de una docena, y cuando se corrieron (los dos lo hicieron dentro) y se relajaron, se separaron de mí, dejando totalmente dolorida e incapaz de hacer nada que no fuese encogerme e intentar taparme con la colcha de una cama.

Cuando pude levantarme para vestirme, no podía andar bien entre el dolor y el temblequeo que tenía en las piernas, pero haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad me vestí (ellos estaban vestidos esperándome), y nos fuimos, despidiéndonos de nuestro amigo muy cerca de la discoteca.
Cuando llegamos a casa, sin apenas cruzar palabra, me duché y comprobé que estaba con todos mis agujeros doloridos, por lo que a pesar de sus deseos mi maridito se tuvo que enfriar.

Tras una semana de los hechos empezamos a excitarnos pensando en repetir la experiencia, y desde entonces no hemos parado, pues cada cierto tiempo disfruto de alguna experiencia nueva. Pero lo cierto es que no disfruto solo en la cama, también lo hago mientras mi maridito escoge la ropa, o cuando salimos a comprarla, cuando empezamos a seleccionar un nuevo contacto, cuando entablo las primeras conversaciones telefónicas, en fin toda la preparación que acompaña a una noche en la que me transformo de señora respetable en su linda putita .... con el permiso de mi marido.


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