Relatos eróticos de gays
El chico del chat (relato erótico gay)
El chico del chat por Adolfo
Cuando lo relatado ocurrió, llevaba ya bastante tiempo queriendo probar el sexo con otro chico. No podía evitar la atracción que sentía sobre todo hacia las pollas, pero esto sin dejar de sentirme atraído hacia el cuerpo femenino, por lo que quedaba clara mi bisexualidad. Así, el verano pasado, la curiosidad pudo conmigo, y después de meses entrando en canales de gays y bisexuales del IRC me decidí a quedar en firme con un chico que conocí chateando la noche anterior a lo que voy a contar.
Quedamos al día siguiente por la mañana, quedando perfectamente claro que ambos buscábamos sexo únicamente. Él me dijo que lo mismo podía conseguir el piso de un colega, pero cuando por fin me encontré con él al día siguiente, no pudo ser así, por lo que me llevó a una zona ajardinada abandonada que tenia a un lado un viejo edificio y al otro el río. Por el camino estuvo preguntándome sobre mi experiencia con chicos y hablándome de lo placentero que era el sexo con otro chico. Cuando llegamos al lugar, allí había un hombre de unos cuarenta años, solo y como esperando. ”Viene a lo mismo que nosotros” me dijo mi acompañante. Lo pasamos y nos adentramos en la zona mas espesa de la vegetación. Una vez situados, al lado del edificio aparentemente abandonado, él comenzó a acariciarme el torso con sus dedos. Lo miré y se comenzó a besarme, primero lento, después con mas intensidad.
Sus manos bajaron hasta mi culo, tras lo cual yo me quité mi camiseta. Él bajó por mi cuello hasta mis pezones, que lamió y chupó fuertemente. Pero fue cuando su boca empezó a bajar cuando experimenté el principio de un placer que nunca antes había sentido. Su lengua se deslizó por mi barriga hasta llegar a mi ombligo, que recorrió lentamente con su lengua, produciéndome escalofríos de placer. Mientras seguía besándome suavemente el ombligo, deslizó sus manos por mi torso hacia el pantalón, desabrochando el botón y bajando lentamente la cremallera. Después sus manos bajaron un poco mas bajando con cuidado el calzoncillo y sacándome la polla. Yo miraba alucinado mi polla en manos de otro chico, cuando llegó uno de los mejores momentos, metiéndose él poco a poco mi polla en su boca. La mamó lentamente y sin dejar de mirarme a los ojos, mientras lo cual me bajó completamente el pantalón. Después de un tiempo mamándomela, me preguntó si quería probar el beso negro, a lo que le respondí que si. Se puso detrás de mí, me inclinó un poco hacia delante, separó mis nalgas y comenzó a recorrerme el ano con la lengua, proporcionándome algo completamente nuevo para mí y que contribuyó a excitarme aun más. Tras eso volvió a mamarmela un poco, y de repente se puso de pie. ”Te toca a ti” me dijo mientras se desabrochaba el pantalón. Yo puse las manos en la cremallera y seguí encargándome de sacarle la polla, encontrándome con un miembro algo más pequeño de lo que yo quería, pero que con la excitación fue mas que suficiente. Me la metí en la boca y la mamé normalmente durante un rato, tras lo cual me centré en recorrerle toda la polla lentamente con la lengua. Mientras esto tenía lugar recibí una llamada en el móvil que me apresuré a contestar. Durante la conversación telefónica, el se me acercó y comenzó a chuparmela con mas me propuso él, a lo cual me negué por miedo al desconocido, no sin ser consciente que en ese momento estaba también en manos de otro desconocido.
Así empezamos nuestro 69, estando yo encima, centrado en su polla, mientras él hacia lo mismo debajo de mí. Pero mientras me la mamaba, empecé a notar como sus dedos acariciaban mi culo, hasta que uno de ellos se fue deslizando por toda la raja hasta llegar al ano, con el que estuvo jugueteando hasta introducírmelo, ante lo que no pude evitar que se me escapase un gemido de puro placer. Mientras tenia su polla en mi boca, sentía su boca recorriendo mi polla, a la vez que no paraba de meter y sacar su dedo de mi culo. Al rato paró, se incorporó, se me puso al lado y me susurró al oído “déjame follarte”. Yo en ese momento no me atreví a probar la penetración anal, por lo que me negué, cosa de la que actualmente me arrepiento. Así, lo que hicimos fue intercambiar posiciones en el 69, quedando yo abajo. Antes de metersela en la boca, se giró y me dijo “¿Sabes quien es el que más sufre aquí? El que esta mirando, porque no puede disfrutarte”, a lo que añadió: “ahora te vas a enterar de lo que es una buena mamada”. Comenzó a chuparmela a tope, pajeandomela a la vez. Yo mientras, se la mamaba como podía, porque con la excitación, el no paraba de dar caderazos que me dificultaban la mamada. De esta forma estuvimos un buen rato, hasta que el de repente se separó y empezó a pajearsela rápidamente, soltando un buen chorro de semen, pero sin llegar a salpicarme. Viendo que yo todavía no había terminado, me acerqué a él y le dije al oído “Hazme correrme a mí también”. Me cogió la polla y empezó a hacerme una paja a toda velocidad y muy fuerte. Ante el placer que sentía, apoyé mi cabeza en su hombro, gimiendo por la sensación que él me estaba produciendo, ya que en mi vida había sentido la masturbación de esa forma. Así, cuando mi cara evidenciaba que el orgasmo estaba próximo, él apretó la marcha, provocándome la corrida más escalofriante de mi vida. Al terminar me volvió a besar, nos vestimos y nos fuimos. Cuando salimos no vimos al hombre que antes estaba en la entrada, por lo que no puedo decir si realmente nos vio o no. La cosa terminó en una despedida unos metros mas adelante. A este chico, aunque me escribió varios correos, no he vuelto a verle, y hasta hoy no he vuelto a mantener sexo con otro chico, por haberse hecho manifiesta mi predilección por el cuerpo femenino, aunque de vez en cuando, en momentos de calentura como éste, disfrute recordando aquel día…
Muchas Gracias. Espero que lo disfruten los lectores.
Temas: Relatos eróticos de gays.
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