Relatos eróticos de heterosexuales
Amor en la cabina de internet (relato erótico)
por Sebastián
Llegué a las cabinas de internet casi a las 10 de la noche. Había ido solo un par de veces antes, la chica que atendía estaba simpática, unos 22 años o más, morena, buena figura. A veces charlábamos y me preguntaba qué venia a hacer y cosas así. Le dije que solo quería estar media hora y que me avise cuando acabe.
Habían 3 personas más, pues a esa hora ya no iba casi nadie. La chica se sentó en una especie de cuarto de vidrio. Yo me puse a bajar documentos, el tiempo en internet se pasa rapidísimo así que no me di cuenta. Un chico que estaba ahí se retiro y quedé solo con un señor y la chica que se llamaba Irene. El señor luego se fue y yo me puse a joder gente en el chat. De repente me fijé en el reloj de la pared y ya eran las 12, tan rápido se paso el tiempo? Y yo solamente traía el dinero para la media hora!!!! No sabía qué hacer así que fui a decirle a la chica. Ella me miró con una mirada sensual y me dijo “cuanto dinero traes?”. Le dije que traía exacto para la media hora. Entonces vi un letrero que decía “atención de 10 a 22 y me pareció extraño, además observé que la puerta estaba ya bien cerrada. Pero no pude resistirme a mirar sus enormes senos, se había quitado la chaqueta. Me miró de una manera pícara diciendo –Bueno, no solo con dinero me puedes pagar- mientras cruzaba la piernas dejándome apreciar sus muslos firmes, bronceados y unas piernas bien torneadas. Te pago como sea, le dije, no puedo estar mas tiempo aquí. Ella se levantó de la silla y se sentó sobre el escritorio, con las piernas cruzadas y me puse al palo. -Piensa como- me dijo guiñándome el ojo. Puse mi mano en su rodilla y nos miramos de una forma tentadora. La besé y sentí que quería meterme la lengua hasta la garganta. Nos abrazábamos y nos acariciábamos las espaldas, estábamos descargando muchísima pasión en ese inolvidable beso. Me estaba poniendo como loco y me fui a su cuello, se lo besaba y sentía un aroma delicioso. “Si papito, con esa lengua deliciosa me vas a pagar todo” me dijo mientras yo le mordisqueaba las orejas. Tomó mi cabeza y la bajo hasta sus piernas, no podía creerlo, se estaba levantando la falda, sus bragas estaban empapadas, se las quite con cuidado, sentí su aroma tan exquisito y vi su preciosa vagina. Era la primera vez que veía bien una concha, tenia sus labios hinchados y derramaba mucho flujo. “Vamos mi amor, debes pagarme” me dijo mientras se pellizcaba los pezones. Me abalancé sobre ese manjar, empecé a pasar la lengua y sentí un sabor riquísimo, saladito. Ella empezó a gemir, nunca había hecho esto antes, pero parece que lo hacia bien. Cuando introduje mi lengua, ella me rodeó la cabeza con las piernas y empezó a gemir con mas fuerza.
Se tumbó sobre el escritorio y apareció su clítoris que chupé al instante. Me agarró de los pelos con fuerza y sus gemidos fueron mas fuertes y profundos. Le metí un dedo y eso la hizo que lance un gemido salvaje. “No pares papito, sigue, sigue” me decía, levantando las caderas al ritmo de mi boca y mi lengua. El sabor es indescriptible, me sentía en el paraíso, era lo mas delicioso que había probado. Seguí chupando su botoncillo y metiendo a fondo mi dedo medio. “Te falta poco amor, ya me vengo” dijo momentos antes de correrse en mi lengua y mi boca.
Retiré mi dedo y seguí chupando su clítoris. Derramó todos sus jugos en mi boca y los sorbí con desesperación. Luego besé sus muslos y le di un beso en los labios. La cubrí con su falda y ella me abrazó y nos dimos un largo beso, muy húmedo. “Ahora yo soy la que te debe” me dijo y me apretó el pecho y me sacó la camiseta con fuerza. Empezó a besar y lamer mi pecho. Bajó mi cierre y mi verga salió disparada, estaba tremenda. Ella la sujetaba en su mano, la lamió de abajo arriba, sentí una sensación increíble, nunca me la habían chupado. Se la metió entera a la boca, me dio una mamada excelente. Me bajé los pantalones y el calzoncillo y ella empezó a jugar con mis bolas peludas, sin dejar de chupar y chupar, los sonidos que hacía mi verga y su boca me estaban sobrecalentando, y le acariciaba el pelo con pasión. Ella parecía que se comía un helado delicioso, pues ponía una cara de placer que me volvía loco. Se agarró de mis nalgas, las apretaba, me las arañaba con sus largas uñas. Empezó a chupar mis bolas, sentía un cosquilleo único, mientras me masturbaba con la mano derecha, su izquierda estaba en mis nalgas y pasaba sus uñas por mi ano. Se sentía extraño pero muy excitante, mientras mi verga sentía que ya iba a estallar. Ella se dio cuenta y tomó mi verga con la mano y se metió la cabezota en la boca y la chupaba como si fuera un tremendo y delicioso caramelo. Mi verga estaba a punto de explotar y empecé a dar gemidos, y me llegó el orgasmo. Ella se saco la verga un segundo y el primer chorro cayó en su cara, luego se al metió en la boca al instante para tomarse toda la leche, fue una tremenda corrida, eché como un litro en su boca, ella se tomo todo hasta lo que saltó en su mano. Luego limpió mi verga dejándola reluciente. Me la guardó y me dio un beso. “Lo haces muy bien para tener 16 años amor” me dijo.
“Creo que yo te debo ahora”, le dije. Otro día arreglaremos bien las cuentas, me dijo Irene. Nos besamos por un buen rato más y me fui a casa.
Desde ahora voy a la cabina sin dinero, Irene y yo arreglamos las cuentas después en el escritorio je je.
Temas: Relatos eróticos de heterosexuales.
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